¿Por qué riño tanto con mi pareja?

por | Sep 18, 2026 | Psicoterapia de pareja

“Nos queremos, pero no dejamos de discutir”. Es una frase que escuchamos con frecuencia en terapia de pareja. A veces las discusiones parecen tener motivos muy concretos: el dinero, las tareas de la casa, los hijos, la familia política, el sexo, el tiempo que cada uno dedica al otro…

Pero ¿son realmente esos los motivos por los que una pareja discute?

Puede ocurrir que una pareja lleve meses o incluso años discutiendo por las mismas cosas sin conseguir resolverlas. Cambia el tema, pero la discusión sigue un recorrido bastante conocido: uno reclama, el otro se defiende; uno insiste, el otro se distancia; uno acusa, el otro contraataca. Al final, ambos terminan sintiendo que el otro no les entiende.

En estos casos, puede ser interesante mirar un poco más allá de aquello que provoca la discusión.

Una pareja construye su propia manera de relacionarse

Cuando dos personas comienzan una relación no solo se encuentran dos individuos que se gustan, se quieren o desean compartir una vida. También se encuentran dos historias, dos maneras de entender los vínculos y dos expectativas sobre lo que pueden esperar del otro.

Sin darnos demasiada cuenta, vamos ocupando determinados lugares dentro de la relación.

Por ejemplo, uno puede convertirse en quien organiza, decide y se hace cargo de todo, mientras el otro queda en una posición más pasiva. Uno necesita constantemente sentirse querido y busca confirmación; el otro se siente agobiado por esas demandas y se distancia. Uno quiere hablar de todo inmediatamente y el otro necesita retirarse cuando aparece un conflicto.

Al principio, estas diferencias incluso pueden resultar atractivas. Lo que después se convierte en motivo de queja puede haber formado parte de aquello que inicialmente nos acercó.

El problema aparece cuando esas posiciones empiezan a quedar demasiado fijadas.

Cuando uno -sin darse cuenta- provoca la respuesta del otro

 Una pareja va construyendo, con el tiempo, una forma particular de funcionar. Se establece una especie de “juego” en el que cada uno responde al otro y, sin proponérselo, contribuye a que la situación se repita.

Pensemos en una pareja en la que ella siente que él nunca está suficientemente disponible. Cuanto más le reclama atención, más agobiado se siente él y más se distancia. Cuanto más se distancia él, más insegura se siente ella y más reclama.

¿Quién empezó?

La pregunta puede ser casi imposible de responder y, probablemente, tampoco sea la más importante. Lo interesante es comprender qué ocurre entre los dos para que la relación termine funcionando de esa manera.

Y aquí puede aparecer una pregunta incómoda, pero interesante:

¿Qué hago yo en la relación que, sin quererlo, contribuyo a provocar aquello mismo de lo que después me quejo?

 Esto permite salir de una posición muy habitual en las parejas: “el problema lo tiene él” o “ella es la que provoca todo”.

Muchas veces, lo que encontramos es algo diferente: una dinámica que se alimenta a sí misma.

¿Qué busco en el otro?

También elegimos pareja a partir de nuestras propias expectativas, experiencias y necesidades. Buscamos, aunque no siempre seamos conscientes de ello, determinadas características en el otro. Esperamos que nos aporte algo, que nos reconozca de determinada manera y que ocupe un lugar que tiene sentido para nosotros.

Y también nosotros aceptamos, en mayor o menor medida, el lugar que el otro nos propone.

Por eso, otra pregunta que puede ayudarnos a pensar es: ¿aquello que hoy tanto me molesta de mi pareja estaba ya presente, de alguna manera, cuando la elegí?

No se trata de decir que “nos buscamos” los problemas ni de responsabilizar a cada uno de todo lo que ocurre. Se trata de poder preguntarnos qué nos llevó a construir esa relación concreta y qué lugar hemos ido ocupando dentro de ella.

Mirar la relación de otra manera

 Cuando una pareja lleva mucho tiempo atrapada en las mismas discusiones, puede resultar muy difícil observar este funcionamiento desde dentro. Cada uno está demasiado ocupado defendiendo su posición y tratando de demostrar que tiene razón.

La terapia de pareja puede ofrecer un espacio para detener ese intercambio y pensar qué está ocurriendo entre ambos. No se trata de decidir quién tiene razón, sino de poder descubrir qué dinámica se ha construido y qué hace cada uno para mantenerla.

A veces, comprender ese funcionamiento permite que la pareja deje de enfrentarse únicamente por aquello que ocurre en la superficie y pueda empezar a preguntarse qué hay detrás de esas discusiones.

Porque quizá la cuestión no sea solamente por qué riñen, sino qué tipo de relación han construido entre los dos y qué posibilidades tienen de construir otra.

 (+) Ilustración Brian Rea The New York Times

 

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