CUANDO EL DESEO SE COMPLICA

por | Mar 19, 2026 | Psicoterapia de pareja

Hay momentos en los que el deseo deja de ser algo que simplemente está ahí y pasa a convertirse en un problema. A veces porque desaparece. Otras, porque aparece de una forma insistente, casi invasiva. En ambos casos, algo se desajusta.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de deseo?

No hablamos solo de ganas sexuales. El deseo tiene que ver con aquello que nos mueve hacia el otro, con la forma en que nos implicamos, con lo que nos atrae, nos inquieta o nos engancha. Tiene que ver también con cómo nos sentimos deseados y con el lugar que ocupamos en la relación.

Por eso, cuando el deseo se altera, no afecta solo a la vida sexual. Atraviesa el vínculo, la forma de estar con el otro y también la relación con uno mismo.

Cuando falta… o cuando sobra

No es raro encontrar personas que consultan porque ya no sienten deseo. Por ejemplo:

  • “Quiero a mi pareja, pero no me apetece tener relaciones”
  • “Antes sí tenía ganas, ahora todo me da igual”
  • “Evito el contacto porque sé lo que viene después”
  • “Me siento culpable porque no respondo”

Otras veces ocurre lo contrario: el deseo aparece de forma insistente, difícil de frenar:

  • necesidad constante de validación o de seducir
  • pensamientos sexuales que no se pueden soltar
  • conductas repetidas (infidelidades, consumo de pornografía, encuentros que luego generan malestar)
  • sensación de no poder parar, aunque no se disfrute realmente

Falta o exceso, pero con algo en común: el deseo deja de ser algo que se puede vivir con cierta libertad.

Lo que no se ve del deseo

Cuando se habla de deseo, muchas veces se piensa en lo que uno quiere de forma consciente. Pero eso es solo una parte.

Hay otra dimensión, menos evidente, que tiene que ver con cómo cada persona se sitúa frente al otro: qué espera, qué teme, qué lugar ocupa sin darse cuenta.

Por ejemplo:

  • alguien que solo puede desear a quien no está disponible
  • alguien que pierde el deseo cuando la relación se vuelve estable
  • alguien que necesita sentirse constantemente elegido para poder sostener el vínculo
  • alguien que se inhibe cuando siente que el otro desea demasiado

Estas posiciones no suelen ser del todo conscientes. Y muchas veces generan vergüenza o incomodidad. Por eso se tienden a tapar con ideas de cómo “debería ser” una relación o una vida sexual. Ahí aparece el conflicto… y los síntomas.

Cuando el síntoma aparece

Los problemas de deseo pueden tomar muchas formas: falta de interés, evitación, dificultad en la excitación, impotencia, dolor, fantasías que generan rechazo, conductas repetitivas o incluso desconexión durante el encuentro.

Pero más que un fallo, el síntoma suele ser una señal. Una forma en la que algo del propio modo de vincularse está intentando decirse.

Por eso, intentar eliminarlo sin escucharlo suele generar más frustración.

¿Qué puede hacer la terapia?

Trabajar sobre el deseo no consiste en “arreglarlo” o en ajustarlo a un ideal.

Implica poder preguntarse:
¿qué me pasa a mí con el deseo?
¿cuándo aparece y cuándo se apaga?
¿con quién sí y con quién no?
¿qué lugar ocupo en ese encuentro?

La terapia ofrece un espacio para ir desplegando estas preguntas sin presión ni juicio. Poco a poco, se va haciendo más visible la lógica propia de cada uno: aquello que se repite, lo que incomoda, lo que no encaja.

Y a partir de ahí, algo puede empezar a moverse.

No porque se fuerce un cambio, sino porque uno deja de estar atrapado en lo mismo.

No se trata de tener un deseo “perfecto”, sino de poder vivir el propio deseo de una manera menos conflictiva y más propia.

 

 

 

Ilustración Bryan Rea The New York Times

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